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Artículo escrito por Grela Bravo: La Vida, autora de Mujeres que crean

Grela Bravo

Artículo publicado en Contralascuerdasblog escrito por Grela Bravo, es Psicóloga Clínica y Mediadora Social e Intercultural, y autora del libro «Mujeres que crean».

Grela Bravo

Llevaba tiempo sin escribir por aquí. Tal vez porque éste era el texto que debía ser; ahora, justo en este momento, ni antes ni después. Me pedían que escribiera algo inédito. Y yo no sabía cómo explicarles que sobre ti ya está todo escrito. Que cualquier intento de adjetivarte era estéril. Me parecía que ya ningún verbo era suficiente.

Sin embargo, la vida siempre nos sorprende. Sí; lo hace. Precisamente porque nos pilla desprevenidos. Como si estuviéramos mirando hacia un lado esperando para cruzar sin peligro, y justo te arrasa lo imprevisto, golpeándote la nuca, sacudiéndote la columna, temblándote las piernas, justo en el sentido opuesto en el que habías fijado la mirada y el objetivo.

Así, un lunes cualquiera, en el momento más cotidiano y aburrido, de pronto una noticia lo cambia todo. A veces basta una sola palabra, incluso bastaría tan solo el silencio que la precede, para girar la historia 180 grados. Sí, ¿sabes ese silencio que chirría… que araña con un frío metálico las entrañas de cualquier duda? Ese.

Ese silencio que secciona, y deja la voluntad al descubierto, sin reverso, ni costuras. Y una herida invisible en la garganta, tan fina y precisa que no sangra ni llora. Unos segundos apenas, capaces de anticipar un huracán de palabras que no hará falta oír para que retumben atronadoras. Preguntas que no vas hacer. Porque nadie va a responder.

Ese.

Y justo después la palabra no pronunciada. Siempre anticipada, siempre evitada. Siempre la misma a pesar de ser cada vez tan única y distinta. Tan de uno, tan íntima. Inquietante, tan desconocida…tan manida. Temida. Prohibida.

  • ¿Cáncer?

No significa nada. Y significa todo. Y suena hueco.

Parecía que nunca llegaría ese momento. Un día llega. Y sólo es un día más. No pasa nada. Y pasa todo. Estoy bien.
No duele. Duela la idea. Duele la duda. El silencio que lo anuncia.

Y te vas, por donde has venido. Recoges tu miedo y tus rodillas. Y das la vuelta. Por la misma puerta, que ya no es la misma. Deshaces los pasos y los pensamientos. Tratas de ponerles coto, de privarles de voz y voto. Escuchas como tu respiración se hace protagonista. Tratando de inhalar todo el aire antes de que se vaya. De llenar los pulmones de sosiego y posibilidad. De certeza y calma.

Los 36 grados se vuelven 20, 12… 6. Y sólo tienes a mano tus brazos para rodear el destemple, entrar en calor y acariciar la valentía. Proteger tu cuerpo de esa excéntrica desnudez. Despertar tu piel.

La piel que te contiene, que te envuelve, que te narra, que te abarca, que te abraza, que te ciñe, que te atrapa. Que respira, que se ahoga. La piel que eres. La piel que trasnocha. Que aún palpita. La piel que custodia tus heridas. La piel que cela, la piel que quema, la piel que roza, la piel que gime, la piel que habla, la piel que habitas, la piel que es casa y también guarida.

Exhalas hasta el último resquicio de indecisión. Te vacías.
Mejor ligera, mejor entera. Dejar espacio para llenarme de razones de sobras. Mejor que entren, se queden y fluyan.

Sí, te sorprende. La vida.

Quiere jugar al pilla pilla. Está bien, pero no voy a contar hasta diez. No hace falta ni que lo intentes, no te escondas, no voy a perder

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