El capital humano es uno de los activos más valiosos de una organización. La forma de gestionarlo puede determinar si la empresa es capaz de alcanzar o no sus objetivos estratégicos. El éxito pasa por que los miembros del equipo se sientan motivados e implicados, solo así trabajarán de forma eficaz en pro de los resultados globales de la organización. Las empresas son cada vez más conscientes de este hecho y están cambiando la forma en la que gestionan sus equipos.

En este sentido, la neurociencia está entrando en cada vez más organizaciones por su capacidad para mejorar la gestión de los Recursos Humanos. A grandes rasgos, esta disciplina ayuda a los empleados a gestionar mejor el estrés y la comunicación, contribuyendo, así, a optimizar su bienestar. Y no solo a nivel individual, sino también colectivo.

¿Qué aporta la neurociencia a nuestra organización?

Para ser un líder sobresaliente lo primero es contar con un equipo motivado que trabaje en pro de un objetivo común. Conseguirlo depende de que sepa potenciar adecuadamente el talento de cada persona, es decir, sin perjudicar su bienestar emocional y mental. La neurociencia puede ser clave para conseguirlo.

La neurociencia enseña que las emociones tienen un papel determinante, tanto a la hora de tomar decisiones como de resolver conflictos. Sin embargo, no todos los miembros de una organización están preparados para hablar de ellas. Esta disciplina, por su base científica, puede ser una gran manera de llegar a los más reacios.

La neurociencia permite modificar y mejorar comportamientos que lleven a los trabajadores a ser más efectivos en su comunicación interpersonal, básica para el buen funcionamiento de cualquier equipo. También puede ayudar a combatir uno de los grandes enemigos del rendimiento, el estrés. Conociendo qué cambios fisiológicos se encuentran tras él, los empleados podrán gestionarlo mejor. Además, técnicas como el Mindfulness pueden ser muy útiles para recuperar el control.

Para la neurociencia el “ser” es más importante que el “hacer”, las competencias están en el interior de cada uno de los miembros del equipo. Otra de sus aportaciones más importantes es trabajar por la recompensa cerebral. Es decir, promover la reflexión, la pérdida del miedo al fracaso, etc. para generar endorfinas y dopamina, las llamadas hormonas de la felicidad.

Por todo ello, en los últimos tiempos, ha empezado a hablarse de un nuevo tipo de liderazgo, el neuro liderazgo, basado en la autoconciencia y en la gestión de las relaciones con los otros.

¿Cómo podemos sacar el máximo partido de la neurociencia en la empresa?

La neurociencia posee una gran capacidad para mejorar la gestión de los activos humanos de una empresa y, por tanto, su cuenta de resultados. Sin embargo, para sacar el máximo provecho debe aplicarse correctamente. Para ello es importante pensar a largo plazo, integrar la neurociencia en toda la organización y contar con el líder adecuado.

Limitarse a pensar en el corto plazo provoca que los problemas del día a día ocupen toda la atención. Para recuperar el control, el bienestar emocional y mental y ver más allá es imprescindible poner el foco en el largo plazo.

Por otro lado, para aprovechar plenamente las potencialidades de la neurociencia, es necesario dejar atrás las mentalidades tradicionales e integrar sus hallazgos en toda la organización. Poner en marcha programas integrales que estimulen las ganas de profundizar de cada uno de los miembros del equipo puede ser un ejemplo de ello.

Finalmente, no todos los líderes están preparados para entender e implementar las enseñanzas de la neurociencia. Se necesita un líder que cuente con las habilidades sociales y el equilibrio cerebral necesarios, el neuro líder.

Gracias a la neurociencia es posible tener una visión global de la empresa, que no es otra cosa que un sistema en el que diferentes equipos colaboran para conseguir un objetivo común. Hoy en día, ya son muchas las organizaciones que están integrando sus hallazgos en sus estrategias y transformando su gestión de los recursos humanos.

Sin embargo, para aprovechar la neurociencia, sus enseñanzas deben calar, en primer lugar, en todo el equipo directivo, pieza clave para que cada uno de los miembros de la empresa alcance su pleno potencial.