“Igualdad en el mundo laboral y profesional”.
Sara Berbel, Dra. en Psicología Social (UAB).

 

A pesar de estar ya en el siglo XXI aún persiste la desigualdad en el mundo laboral. Los factores de desigualdad son tres:

1. Brecha salarial: que conlleva que las mujeres deban trabajar un promedio de 2 meses más para cobrar lo mismo que un hombre. Sólo en Cataluña, esta diferencia en los sueldos es del 19,8% a favor de los hombres.
2. Segregación horizontal: que empieza ya en la universidad porque aún hay carreras consideradas “de chicos” y carreras “de chicas”. Normalmente las carreras científicas y tecnológicas se consideran más masculinas. Y son precisamente estas titulaciones las que repercuten en la innovación y suelen ser las más influyentes y las mejor remuneradas. El problema es que no hay referentes femeninos en estos sectores y los que hay no suelen aparecer en los libros de texto; esto dificulta que las chicas se sientan identificadas con estos trabajos y por eso escojan menos este tipo de titulaciones.
3. Segregación vertical: denominado “techo de cristal”. Sólo el 13% de los cargos directivos son mujeres; en los ámbitos de poder cuesta encontrar mujeres. Este hecho puede deberse a que las mujeres tenemos connotaciones negativas del poder: como sinónimo de egoísmo; el poder es destructivo y significa abandono (tanto de la mujer a su entorno familiar como la soledad del poder).

Para las mujeres, las consecuencias del acceso al poder son psicológicas y sociales:

Psicológicas:

1. Sensación de superioridad, individualismo.
2. Masculinización (adoptar un rol más masculino).
3. Síndorme de la “abeja reina” (orgullo por ser la única mujer en ese ámbito.)

Sociales:

1. Falta de sensibilidad feminista.
2. Mujeres “alibí”.
3. Mujeres aisladas.

El término “techo de cristal” se establece porque, debido a estas consecuencias del acceso de la mujer al poder, son las propias mujeres las que renuncian a estos puestos directivos debido al sentimiento de culpa (estar menos tiempo con la familia, dedicar más horas al trabajo, asumir responsabilidades laborales…).

Las condiciones sociales nos impiden crecer en los dos ámbitos, el personal y el profesional. Además, a pesar de los avances logrados en igualdad, las mujeres aún hoy siguen dedicando más horas a las tareas domésticas que los hombres. Según un estudio de Nielsen del año 2013; las mujeres españolas son las más estresadas de Europa.

Las estrategias para lograr la igualdad pasan por tres puntos:

1. Liderazgos transformacionales; hay que tener en cuenta a las personas de forma individual.
2. Actuaciones positivas por la igualdad; promover sobretodo la implicación masuclina para conseguir que esta igualdad sea real en todos los ámbitos de la vida cotidiana (profesional y familiar).
3. Empoderamiento colectivo; es decir, hacer partícipes a todos los trabajadores de los logros de la empresa.


“Visión global: innovación para los negocios y la vida”.
Mireia Ranera, socia y directora de RRHH en Incipy (estrategia digital).

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Internet y las redes sociales nos han abierto nuevos canales de comunicación y conversación porque todos tenemos voz. La velocidad de los cambios tecnológicos son muy rápidos y puede que eso nos haga sentir desorientados. Estamos ante un cambio de época, todo se reinventa. Para poder asimilar este nuevo panorama global es importante que como líderes tengamos en cuenta:

1. Tener visión global; de “yo al mundo”. No hay barreras.
2. Nuevo estilo de liderazgo, hay que persuadir. Para ser líderes en nuestro sector, debemos tener en cuenta que la fácil accesibilidad hace que los ususarios y consumidores tengan voz. La comunicación es horizontal y eso hace que las empresas deban ser más transparentes, más abiertas.
3. Relación con el cliente, la manera en que ofrecemos nuestros productos o servicios. Hay que escuchar, ya no se trata sólo de vender. Este punto enlaza con el anterior; ya que la transparencia es fundamental. Los logros y también las malas decisiones saltan a la red y son conocidas por nuestros consumidores. Por eso es importante ser sinceros y no ocultar información.
4. Empoderar al empleado, crear relaciones estrechas con nuestro equipo.

En un mundo cada vez más global y más abierto, las empresas deben estar en constante innovación; ser visibles y estar conectadas.


“Maternidad y dependencia: conciliar y cuidar”.
Sara Moreno, Dra. en Sociología (UAB).

 

El logro de la sociedad actual ha sido la empleabilidad femenina; el reto sigue siendo la falta de domesticidad masculina y el problema aún es la maternidad y el cuidado de personas mayores o enfermas. En la actualidad la realidad es que sigue habiendo menos mujeres en el ámbito laboral y siguen siendo las que asumen más tascas en el hogar.

A pesar de que las mujeres superan a los hombres en cuanto a formación y mejores puntuaciones, su estatus en el mercado laboral no es el mismo. Para cambiar esa desigualdad en el ámbito laboral hay que cambiar primero las desigualdades en el hogar; hay división secual en el trabajo remunerado y también en las tareas del hogar. Las mujeres dedican más horas a las tareas del hogar.

Los usos del tiempo evidencian esta desigualdad. Además el ciclo vital condiciona más a las mujeres, ya que la maternidad está limitada por la naturaleza. Para las mujeres directivas y empresarias siempre se plantea la dicotomía de maternidad y retos profesionales. Además existe el hándicap del cuidado de las personas mayores; ya que socialmente esta responsabilidad suele recaer en las hijas. De hecho un estudio evidencia que las personas que necesitan cuidados prefieren ser atendidas por sus hijas que por cualquier otra persona.

Conclusiones:

1. El problema no son las mujeres de 25-45 años. El problema son las empresas que ven a estas mujeres com un riesgo.
2. Deben existir políticas conciliadoras para mujeres y para hombres. La paternidad es un deber compartido; y tantos derechos y deberes tienen los padres como las madres. Por lo tanto, las políticas conciliadoras también deben tener en cuenta a los hombres.
3. Ante el envejecimiento de la población también hay que aplicar políticas conciliadoras para el cuidado de las personas mayores y enfermas. Igual que con la maternidad, estas políticas deben ser para mujeres y para hombres.